jueves, 13 de diciembre de 2007

Estadounidense intentará lanzarse sin paracaídas desde un helicóptero


Jeb Corliss quiere lanzarse al vacío a una velocidad de unos 190 kilómetros por hora y aterrizar con éxito sin paracaídas, un reto inédito al que aspiran varios intrépidos de todo el mundo.

Los expertos consideran que la misión es “técnicamente posible”, aunque nadie lo ha logrado todavía. Corliss no está solo en esta carrera contrarreloj. También se han embarcado grupos de Francia, Suráfrica, Nueva Zelanda, Rusia y EEUU, en lo que se ha convertido en una competición no oficial hacia la gloria.

Una hazaña de este tipo entraña numerosos riesgos, como ya comprobó el aventurero Evel Knievel, que trató sin éxito de saltar sobre el cañón de un río con una motocicleta propulsada por un cohete en 1974.

Corliss de 31 años saltó a la fama en abril de 2006 cuando fue detenido “in extremis” al pretender saltar con paracaídas desde el Empire State de Nueva York , de 380 metros de altura, lo que le costó una demanda de los dueños del edificio.

Su obsesión ahora consiste en aterrizar sin un rasguño gracias a un traje especial, con una forma similar a la de un murciélago, que le permite controlar la dirección y velocidad de caída con un mínimo movimiento de su cabeza, sus hombros o brazos.

Corliss quiere convertirse con su proyecto, denominado “The Wingsuit Landing Project”, en la primera persona en la historia de la humanidad que logra sobrevivir a un aterrizaje sin paracaídas, pero hay otros que compiten también por este hito.

Otros rivales ultiman los detalles de su indumentaria, como el francés Loïc Jean-Albert, quien en el sitio de internet www.flyyourbody.com muestra instantáneas de sus vuelos e imágenes de los prototipos que usará.
A ellos se une una mujer, María von Egidy, de Sudáfrica, que está embarcada en la difícil tarea de desarrollar un traje capaz de permitir esta proeza, aunque ella no lo usará, según confesó en una entrevista con el National Geographic.

Para lograr su hazaña, Corliss usará un diseño “alado” que cuesta unos mil dólares y que estrenará en los próximos meses, durante la primera de las tres pruebas que ha planeado antes de dar el gran paso.

Las alas que incorporará la indumentaria, colocadas entre las piernas, los brazos y el torso del aventurero, están hechas de nailon, y poseen unos conductos que permiten regular la entrada del aire en su interior.

Esto posibilita el control de las maniobras para descender a un ritmo lento, debido a la presión en el interior del traje, al que le añadirá una protección rígida (exoesqueleto).

“La manera más sencilla de describir la vestimenta es como si vieras a una ardilla voladora; logra que te muevas hacia delante casi un metro por cada treinta centímetros que desciendes”, explica Corliss .
“La parte difícil de todo esto es sobrevivir sin lesiones, pero ése es el objetivo”, añade el hombre que cuenta en su historial con más de mil saltos.

Fuente: El Espactador.

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