domingo, 1 de febrero de 2009

¿De quién es la responsabilidad por los delitos que se cometen a través de internet?

La red de redes está plagada de cientos de miles y millones de páginas de pornografía, de portales que hacen una apología descarada a enfermedades como la anorexia y la bulimia, de perfiles públicos que son fachada para que abusadores y explotadores sexuales de menores puedan ponerse en contacto con futuras víctimas.
En este mundo virtual coexisten delitos como la estafa, en formas nuevas como el phishing o pharming; el abuso y la explotación sexual como la pornografía infantil, el child grooming y anuncios de turismo sexual infantil; entre otras formas de engaño que han convertido a este medio de comunicación en un espacio peligroso.

Son los usuarios menores de edad los que más usan las Tecnologías de Información y Comunicación, por eso son presa fácil de personas que buscan abusar de ellos.

Los portales con contenidos pornográficos son una mina de oro para los delincuentes. Estas páginas muestran desde un desnudo hasta las relaciones sexuales más aberrantes. En más de un 87%, este tipo de páginas no cuentan con medidas efectivas de restricción, simplemente ponen anuncios tan risibles como “si eres menor de edad sal inmediatamente de esta página”, “el acceso está prohibido a menores de edad”, etc.

El único afán de las empresas distribuidoras de la industria sexual es salvar su responsabilidad legal ante el hecho de que están facilitando material pornográfico a los menores.

Estas páginas suelen ser a su vez “ganchos” para atraer al usuario hacia otro tipo de “ofertas” que no necesariamente lindan con lo legal. Los culpables por acceder a estos portales no son los menores, pues la curiosidad es parte del proceso de crecimiento en esa etapa de la vida.

Los únicos culpables son las redes que lucran con la industria sexual, su falta de ética, la poca o nula responsabilidad de los proveedores del servicio de Internet, las legislaciones permisivas, los administradores irresponsables de cabinas públicas, la falta de conocimiento de los padres y profesores en el uso de las Tecnologías de Información y Comunicación, la ausencia de campañas de educación desde el Estado, etc.

Muchas de estas páginas son sólo excusas para promover su real actividad: la explotación sexual; en ellas cientos de miles de niños, niñas y adolescentes son utilizados para la producción de este tipo de material.

Hay que hacer público este problema y llamar la atención de los usuarios, padres de familia y maestros para que, desde su propio ámbito, generen campañas de prevención que impidan que menores y adolescentes se expongan a este tipo de mensajes que deforman la educación sexual normal.
* Presidente de la Red Peruana contra la Pornografía Infantil.
Visto en: El País

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