viernes, 4 de diciembre de 2009

Jóvenes, ¡ojo con Internet!

Un tema que nos preocupa a todos los que de alguna u otra manera tenemos que ver con la red de redes (Internet) es la seguridad, por tal razón me parece de gran importancia darles a conocer este editorial que encontre en el periodico El Colombiano. Espero sea de su agrado y recapacitemos sobre lo que hacemos o dejamos de hacer en la internet.

El caso del estudiante universitario acusado por amenazar al hijo del Presidente Uribe por medio de Facebook debe ser un motivo para que ustedes los jóvenes tengan en cuenta el riesgo que implica un mal uso de las redes sociales. No crean que pueden decir allí todo lo que quieran sobre ustedes mismos o sobre los demás, amparados en un falso anonimato. Esto también tiene consecuencias.



Jóvenes, lamentamos lo que le sucedió a un estudiante universitario en Bogotá, a quien sus padres describen como una persona ingenua. Su traslado a la cárcel de La Picota llenó de dolor a su familia, en tanto que a sus amigos virtuales y a ustedes este caso les sirve de advertencia. Muchos, no solo jóvenes, sino también mayores, se toman a la ligera el uso de Internet y creen que el conocimiento que tienen de la red les permite satisfacer sus necesidades de diversión y contacto social. ¡Pero ojo!, toda actividad comunicacional tiene también una responsabilidad.



Tengan muy en cuenta que el inadecuado manejo que hagan de estas tecnologías les puede traer serias consecuencias legales, aunque crean que con lo que están haciendo no están cometiendo ningún delito. Reflexionen sobre el caso de este estudiante acusado por la Fiscalía por presunta instigación al delito.



Sería muy grave que alguno de ustedes se viera sometido a una investigación penal, como la que ahora se adelanta contra Nicolás Castro, sospechoso de crear en Facebook el grupo llamado "Me comprometo a matar a Jerónimo Uribe".



El de Nicolás es, sin duda, un delicado ejemplo de irresponsabilidad e inmadurez en el uso de Internet.



Ustedes seguramente conocerán personas que creen que pueden ampararse en el anonimato de las redes informáticas para lanzar acusaciones, amenazas, insultos y burlas contra otros, pensando que nadie los identificará.



Recuerden que aunque la libertad de expresión es un derecho fundamental, éste no es absoluto. Es decir, tiene límites impuestos por el respeto al derecho supremo a la vida y también a la dignidad humana. En caso de que Nicolás estuviera "simplemente jugando" con tan delicadas expresiones, no se puede desconocer la gravedad de su ingenua o premeditada acción.



Aparte de las responsabilidades y sanciones penales, que les corresponde establecer a las autoridades, es conveniente que tanto los jóvenes, como los padres de familia, los educadores y los medios de comunicación hagan énfasis en la importancia y vigencia de los derechos, deberes y valores humanos.



En caso de que se llegue a demostrar que el acto cometido por Nicolás era una charla más de las múltiples que se dan en Internet, sin ninguna intención real de hacerle daño al hijo del Presidente, es repudiable el sólo hecho de que haya creado un sitio que convoca a matar a una persona.



Niños y jóvenes piensen que, así dominen con asombrosa pericia las herramientas informáticas, no pueden ser tan despreocupados en el cumplimiento de las normas. Esta forma de actuar puede crecer como una bola de nieve hasta el punto de hacer real la amenaza de muerte a una persona. Tampoco deben lanzar afirmaciones falsas o publicar fotos y videos de la vida privada en las redes sociales, porque atentan contra la integridad moral de los seres humanos.



Los padres de familia no podemos seguir actuando como simples espectadores de un fenómeno que parece superarnos. Tenemos que asumir la responsabilidad de orientar a nuestros hijos, en una época en que se cree que sólo hay derechos y no deberes.



Jóvenes, tengan en cuenta que no conocer la ley no puede servir de excusa para hacer mal uso de internet y atentar contra la vida o la honra de las personas, así sea en forma virtual. ¡Con la vida y la dignidad no se juega! ¡Ojo con Internet!

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