domingo, 27 de diciembre de 2009

Dos historias de emprendimiento y constancia

'Chucho', dueño de uno de los mejores restaurantes de El Rodadero, comenzó con una carreta de mano vendiendo ceviche, pero lo más paradógico es que no sabia prepararlo. Resulta que en alguna oportunidad llegaron al Rodadero dos ecuatorianos como caidos del cielo y le enseñaron a preparar el ceviche y todos los productos del mar.

Unos veinte años le tomó a Jesús Trujillo Bonet, procedente de Curumaní (Cesar), perfeccionar una receta que ha recibido grandes elogios
Donde Chucho es el nombre del negocio, ubicado en el balneario El Rodadero de Santa Marta.
Allí se preparan desde los tradicionales platillos de frutos del mar (ceviche) y la popular ensalada de 'Chucho', hasta lo bueno, lo malo y lo feo de lo que pasa en el mundo, el país y la ciudad. Y el sazón y picante se los pone el anfitrión, que siempre está bien 'datiao'.

La rica carta tiene reconocimientos de chefs de la talla de Kendon McDonald (q.e.p.d). También ha merecido espacios en revistas especializadas de turismo como las de Avianca y Aero República y Jean Claude Bessudo lo destacó en un artículo publicado por la revista Diners como uno de los personajes de Colombia (2005).
Además, Donde Chucho también aparece en programas de televisión internacionales especializados en comida gourmet como Discovery y Travel.
"Yo no sé a qué horas me filmaron, pero acá vienen turistas de afuera y me confiesan que me vieron en esos programas. Son cosas bacanas", cuenta Chucho.
Entre sus clientes se encuentran personas de todas las esferas sociales del país, quienes llegan atraídos no propiamente por los lujos, la exclusividad y las etiquetas del lugar sino por la sencillez, la calidez y la bacanería de Chucho Trujillo, quien se confunde entre los visitantes pasando de una mesa a otra repartiendo pruebitas, abrazos, besos y chistes.
Jesús Trujillo llegó a Santa Marta hace 22 años como Policía, entendió que esa no era su vocación y se retiró antes de dos años de servicio.

Este hombre, de trato amable y sonrisa permanente encontró lo que sería su lugar cuando comenzó a trabajar al lado de Pincho Padilla y Lucho Gerdel, dos conocidos chefs especializados en comida de mar.
Luego de aprender los secretos de la comida de mar decidió armar carpa aparte y recuerda que el 20 de marzo de 1992 montó su carretica de madera en el edificio Copa Cabana, en El Rodadero, y empezó a vender coctel de camarón, ceviches, ostras y caracol.

Asegura que fue el pionero en los negocios de mariscos en El Rodadero. Duró tres años y medio en la calle, en donde comenzó a hacer un nombre. Hasta que un amigo le ofreció en arriendo un local y en ese punto comenzó a escribir otra historia.

Reconoce que su esposa, la diseñadora Émili Zúñiga, es la artífice del crecimiento de su negocio, pues es una mujer que lo secunda en todo.

Todo el que llega a Donde Chucho es recibido con una pruebita de ceviche de camarón, acompañada de una conversada del mismo dueño. Revela que su forma de ser y de atender a los visitantes se siente en su comida: "Eso le llama la atención a la gente, y me van recomendando. Eso se va regando como la pólvora".
'Ensalada Chucho', receta con patente

El plato fuerte de Jesús Trujillo es la 'Ensalada de Chucho'.

Es un plato frío hecho con camarones, pulpo, calamar y raya ahumada cubierta con aceite de oliva. La receta básica la aprendió de un amigo italiano. Luego la fue mejorando hasta tenerla en el punto. Hoy la tiene patentada y registrada, pues sabe que hay muchas personas interesadas en copiarla. "Tengo mucha gente en Bogotá, que cuando hacen reuniones, me piden que les mande mi famosa ensalada", cuenta Jesús, a quien le toca atender pedidos para la cárcel La Picota, para algunos dirigentes políticos detenidos allí que se resisten a olvidar el sabor único que Chucho logró armar en veinte años de trabajo.


La otra historia
'El gordo' Ramírez, el zar de los tamales tolimenses, despacha hasta 3.000 unidades los domingos y unos 1000 a 1500 entre semana.


Empezó en una esquina del barrio El Claret en Bogotá, y ahora tiene un local con más de 50 mesas.
La receta de sus tamales la aprendió en un restaurante de Galerías.
Desidio Ramírez es y ha sido un hombre de esquina. 
Desde 1988 ha perfumado con el olor del tamal tolimense las calles del barrio El Claret, al sur de la ciudad.
Empezó en un andén de la carrera 32 con calle 44 sur. Un amigo le propuso hacer 100 tamales para una reunión familiar, que se convirtieron en un manjar para los comensales.


Luego, probó suerte en la calle con una inmensa olla y otras 100 dosis de arroz, arveja, zanahoria y gallina envueltas en hoja de plátano.
La venta fue tan buena, que el hombre de los tamales de la esquina fue bautizado 'El Gordo', un apodo que conserva y eso que ya ha bajado varios kilos.

Ramírez trabajó durante 8 años en el restaurante Mi Viejo Tolima, en Galerías. En las cocinas de esa especie de embajada tolimense en Bogotá aprendió lo esencial del oficio: la sazón.

Hace 10 años abrió su propio negocio, al que no dudó en bautizar 'Tamales el gordo de la 32'.

Pasó del andén a un amplio local con más de 50 mesas y en el que en un domingo se pueden despachar hasta 3.000 tamales.


"Me ha ido bien porque atiendo a la gente con gusto. Además, soy muy creyente del Señor de los Milagros de Buga. Lo visito unas cuatro veces al año", cuenta para explicar su éxito.


El pasado viernes 25 de diciembre, el sitio estaba a reventar. Familias enteras soplaban sus tamales y partían la masa con diminutas arepas.

"Son los tamales campeones de Bogotá. Yo vengo desde hace cinco años y el sabor es el mismo", explicó William Joya, quien llevó a su familia a desayunar en la mañana siguiente a la Navidad.

Ramírez tiene 50 empleados que no dan abasto con la clientela. La fila de taxis y de vehículos particulares por esta época es larga. Cuando no hay mesa disponible, los conductores no tienen problema en comer dentro del carro.


El tamal 'trifásico'


Uno de los tamales más pedidos en el lugar es uno que cuesta 5.000 pesos y que viene con una buena presa de gallina, pollo, cerdo, huevo y varias rodajas de zanahoria. La mamá de 'el gordo', Alodia Ramírez, trabaja en el restaurante de su hijo y dice con orgullo que desde que tiene uso de razón ha tenido un tamal cerca. "La clave es el condimento y la gallina".

Por ahora no piensa en sucursales ni mucho menos en franquicias. "Eso es para problemas. Lo mío es atender a la gente personalmente", confiesa. El hombre nunca está quieto. Vive pendiente de que sus comensales sean bien atendidos. "Señor, buenas tardes, no se preocupe que en cinco minuticos le llega el pedido", dice 'el gordo', muy afanado, porque la cajera se demora un poco y la fila crece y crece.


Hoy, 'el gordo' Ramírez de nuevo estará atendiendo mesa por mesa.

Visto en: El Tiempo

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